03/10/2008

La Despiadada Palin

Fuente:http://www.alternet.org/election08/100551/mad_dog_palin_/
Traducción: El Averiguador
por Matt Taibbi

Lo que más asusta de la compañera de fórmula de McCain no es su incompetencia, sino lo que su candidatura dice sobre el estado de Norteamérica.


Estoy parado afuera del Centro de Energía Xcel en St. Paul, Minnesota; Sarah Palin recién ha finalizado su discurso ante la Convención Nacional Republicana, aceptando su nominación partidaria para la vicepresidencia. Si a comienzos de año no hubiese abandonado el hábito de mis dos paquetes diarios, ahora estaría fumando uno detrás de otro. Así que lo único que queda es permanecer mudo frente a las vallas de perrera barata que se utilizan para controlar la clase de multitud que ves en todas estas estúpidas convenciones, y roer un juguete de cuero entre extraños sentimientos de shock y furia anárquica.

A mi alrededor, un millón de policías en sus absurdos uniformes de combate espacial post-9/11, montan guardia como (tipos malos) títeres de cartón observando hacia todos lados a cara descubierta antes que la misma se oscurezca. Cuatro delegados barbudos oriundos de lugares como Arkansas y Georgia se agolpan alegremente frente a las puertas en busca de barras donde puedan beberse unos Zombies y Scorpion Bowls y otros “alocados” tragos, y extra-matrimonialmente buscar compañeras femeninas a ciegas en algún compartimiento de baño como parte del “increíble momento” que inevitablemente relatarán a sus amigos cuando vuelvan a casa. Solo los americanos del siglo 21 pueden pasar seis veces por un detector de metales en menos de una hora y todavía creer que están en una fiesta.


Según observé, el momento especial llegó poco después que Palin y familia bajaran del escenario en un ruidoso aplauso, visiblemente felices como si estuvieran arrojando una biblioteca completa a las cloacas. En el tumulto para salir del estadio, una mujer de mediana edad llevando un sombrero de cowboy, remera roja, blanca y azul, y una evidente cirugía de ojos, le decía entusiasmadamente a un colega, que también llevaba una insignia que lo identificaba como miembro de la delegación de Colorado:


“¡Ella me recuerda totalmente a mi prima!”, chilló la delegada. “¡Es una verdadera mujer! ¡Lo verdadero!”

Me quede mirándola boquiabierto. En ese momento, el cinismo de todo el penoso asunto quedó al descubierto. Esto es lo que pasa con los americanos. Puedes enviar a sus hijos, de a miles, a que les vuelen los testículos en tierras extranjeras sin ninguna razón en absoluto, puedes encajarles millones en deudas año tras año mientras desperdician sus inviernos alegremente mirando programas de juegos y fútbol, puedes sacarles la alfombra debajo de sus hipotecas, puedes hacerlos vivir solo de sus tarjetas de crédito y sus sueldos de Wal-Mart mientras mueves sus trabajos a China o a Bangalore.


Y nada de eso importa, mientras recuerdes ofrecerles, unos meses antes del Día de Elecciones y como parte de tu nómina presidencial, una caricatura de dos neuronas salida de un capítulo de Roseanne. Y si resulta lo suficientemente agradable según el arquetipo del americano gritón de clase media, como lo es Sarah Palin, el público común dejará caer su bolsa gigante de Doritos en gratitud, se limpiarán el polvo picante que les quedó en sus bocas, y correrán a votar por ella. No es que tenga sentido, o porque sea una oportunidad de mejorar sus vidas o lo que sea, sino simplemente porque resulta atractivo al galopante narcisismo que sustituye sus personalidades, porque la imagen en la TV les recuerda al miserable y vago descerebrado que cada mañana se mira en el espejo.


Sarah Palin es un símbolo de todo lo que está mal en el moderno EEUU. Como representante de nuestro sistema político, es un nuevo paso atrás en la villanía reptiliana, el último trabajo maestro de cínicos titiriteros como Kart Rove. Sino que más aún, ella es un horroroso símbolo de lo poco que pedimos a cambio de la total sumisión ante el poder político.


No solo Sarah Palin es un fraude, es el fraude de peor gusto imaginable, 20 pisos por debajo del más bajo denominador común, un personaje demasiado estúpido incluso para la TV de media tarde, y este país caerá ante ella, aplaudiéndola a cada paso del camino. Todo debido a que la mayoría de los americanos ya no tienen energía para hacer nada excepto responder con mentiras y permitir ser masturbados por los ladrones calculadores que manejan este codicioso paraíso al que llamamos nación.

El discurso de Palin fue una obra maestra de política, una de las más ingeniosas piezas de teatro electoral que este país ha visto. Nunca antes una sola imagen televisada ha devuelto tan velozmente la fortuna a un partido político.


Antes que la gobernadora de Alaska subiera al podio esa noche, yo estaba convencido que John McCain había cometido uno de los peores errores de campaña de todos los tiempos, que había actuado impulsivamente y con total desesperación al elegir a una bizca neófita política que dos años antes había sido expulsada de la dirección de una ciudad más pequeña que el sector de ferias del Parque Fenway. Incluso se me cruzó por la mente que existía un extraño indicio autodestructivo en la decisión de McCain por derrumbar la base derechista de su partido, y que quizás estaba respondiendo a las órdenes de elementos mayores del partido, piratas ideológicamente promiscuos como Joe Lieberman – a quien supuestamente admira – por elegir a la más obvia e incompetente bufona bíblica. Algo así como: ¿Quieres que lleve la delantera?
Muy bien, llevaré la delantera. Elegiré a esta fanática de los rifles, a esta asesina serial de alces preñados que cree que Dios hace lobby a favor de tuberías de petróleo. ¿Contento ahora?

Pero al observar el discurso de Palin, no tuve dudas que estaba atestiguando una actuación icónica e histórica. La candidata se acercó tranquilamente al atril con la seguridad de un sonámbulo e inmediatamente se lanzó hacia una sinfonía de bufadas y despectivas declaraciones, tomándose tiempos entre las invectivas superiores para presentarse como una muchacha humilde, con un guapo esposo, y una camada de saludables niños que resultaron ser los inocentes objetivos de una conspiración mediática comunista y probablemente homosexual. Fue una actuación virtuosa. Pareció carecer completamente de vergüenza, y estar totalmente llena de basura, intimidando a un recinto lleno de apretujados periodistas con su dulce y empalagosa frase sobre su esposo de colegio secundario que, “después de cinco hijos sigue siendo mi hombre”. Era como mirar a Gidget (N de T: serie televisiva norteamericana de fines de los años 1950’s) dirigiéndose al Reichstag.


En unos pocos minutos, Palin había entregado a los espectadores de TV un personaje infinitamente reconocible para prácticamente todo americano: la muchacha de pueblo pequeño que se lleva todas las miradas, con una mentalidad carente de curiosidad, que cree que los encuentros de la PTA (Parent Teacher Association - Asociación de padres de familia y profesores) son como las Escrituras Sagradas, y que la injusticia es una mujer vecina tuya que posee un conjunto de cortinas o cubertería más bonito que el tuyo. O la gobernación, si ese fuera el caso.

Derechistas de la talla de Bush-Rove han pasado tiempos difíciles buscando una cara humana para reemplazar a sus fallidas e inhumanas políticas. Pero resultó fácil reconocer el genio de la institucionalizada codicia en esa imagen de suburbana súper-mamá norteamericana. Es la envoltura perfecta, ya que no hay nada peor en el mundo que esta especie de tirano provincial. Palin misma grabó a fuego esta simbiosis política en las páginas de la historia con su seminal broma sobre la “diferencia entre una mamá del hockey y un Pitbull: lápiz labial”, borrando de una vez y para siempre todas las líneas entre la crueldad en la gran escala política, según la entienden los Roves y los Bushes del mundo, y la crueldad de la variedad de pueblo-pequeño, según la entienden muchos de aquellos que alguna vez se han sentado en el estudio de su casa-rancho soñando con una pantalla de TV de plasma o un conjunto extra de faros antiniebla para su camioneta, al mismo tiempo que una familia pobre a pocas millas comparte una cáscara de queso.


En su discurso, Palin se presentó a si misma como una rabiosa y ambiciosa madre de clase media, junto a los yuppies del grupo de Obama, que jamás gustarían de algo tan bajo a excepción, quizás, de unas pocas tardes con la esposa de alguien, o unas pocas palabras agradables en el espacio de Reseña Literaria del New York Times; esta clase débil de persona, insegura de su celibato, que no se sabe, a ciencia cierta, si confía en el Dios correcto o si defenderá una nación. Estamos acostumbrados a semejante caricaturización cultural de nuestros políticos. Pero Sarah Palin es algo nuevo. Ella es toda una caricatura. Como candidata de un partido cuyas posturas en cuestiones individuales pierden en todas las encuestas, su atractivo ni siquiera está diseñado para vender una idea política. Solo está diseñado para venderla a ella misma. Incluso la cuestión fue admitida en vivo por parte del antiguo redactor de discursos de Reagan, Peggy Norman, quien fue sorprendido inadvertidamente diciendo en la MSNBC que Palin no era la candidata más calificada, y que el partido “se buscó esta mentirosa historia política”.


Comprendemos la elección de Palin como vicepresidenta teniendo en cuenta que un gran número de votantes americanos ya ni siquiera demandan que sus candidatos ocupen posiciones políticas actuales; simplemente se consume como entretenimiento mediático; a favor o en contra de ellos según sus prejuicios reflexivos demográficos, como si fueran participantes de un reality-show o personajes de tiras televisivas. Los pueblerinos alientan a los pueblerinos, las mamás a las mamás, los vueltos-a-nacer a los vueltos-a-nacer. De seguro que hubo algo de política en el discurso de Palin, pero fueron todas mentiras o mero palabrerío incidental para contrapesar la actuación teatral. Un ejemplo clásico de lo que se estaba cocinando allí llegó cuando Palin presentó orgullosamente a su bebé con síndrome de Down, Trig. Luego miró a cámara, y sombríamente prometió a los padres con niños especiales que tendrán “una amiga y luchadora en la Casa Blanca”. Esto fue cerca de media hora antes que levantara sus manos triunfalmente junto a McCain, un hombre que votó en contra de la financiación de la educación especial.

La acusación de Palin de que el “gobierno es demasiado grande” y que Obama “quiere agrandarlo” fue similarmente ridícula. No solo su partido preside sobre la mayor expansión del gobierno desde épocas de Lyndon Baines Johnson, sino que Palin misma ha sido una típica Republicana de la era de Bush, pidiendo prestado y gastando más allá de sus medios. Su gran legado como alcaldesa de Wasilla fue la construcción de una cancha de hockey que costó $14.7 millones en una ciudad cuyo presupuesto anual es de $20 millones; Palin dio el OK de emitir bonos para el proyecto antes que el terreno estuviera asegurado, llevando a un prolongado desastre legal que obligó a los contribuyentes a pagar seis veces más el precio de mercado original por la propiedad que la ciudad terminó incautando a un ciudadano privado utilizando la apropiación. Mejor aún, Palin terminó pagando el problema con un aumento del 25 por ciento en los impuestos a las ventas de la ciudad. Pero en su discurso, se presentó como enemiga de los aumentos de impuestos, lamentando rectamente que “los impuestos son demasiado altos”, y que Obama “quiere aumentarlos”.


Palin no se ha preocupado demasiado por los impuestos federales como gobernadora de un estado que está en el primer puesto de gastos federales por habitante ($13,950) por más que se ubique en el puesto 18 en impuestos federales pagados por habitante ($5,434). Eso significa que todos los que pagamos impuestos, y que no pertenecemos a Alaska, pagamos $8,500 al año por cada residente del autosuficiente paraíso de Palin. No es que esta enemiga confesa de los impuestos no recaude: Alaska actualmente recauda la mayor cantidad de impuestos por habitante que cualquier otro estado de la nación.

El resto del discurso de Palin fue de la misma clase de basura que los Republicanos han estado realizado durante décadas. El chiste de Palin sobre el rol de alcaldesa como “organizadora de la comunidad, excepto que tienes responsabilidades reales” testificó ante la aparente creencia de que los republicanos pueden ganar elecciones hasta el fin de los tiempos compitiendo contra los 1960’s. (Probablemente estén en lo cierto). La incesante queja sobre los medios fue igualmente comparable al rumbo de las cosas, carne roja para aquellos millones de americanos patrióticos abanderados cuyo primer instinto cuando las cosas se ponen difíciles es gimotear y culpar a otras personas por sus fallas (periodistas, franceses, o esos ingratos negros tragándose el dinero de los impuestos en sus abundantes comidas de prisión).


Agrega a esto las habituales mentiras sobre los Demócratas que quieren “perdonar” a nuestros enemigos en el exterior y apañar a los terroristas, y de esta manera tienes un común y corriente, y casi aburrido, discurso Republicano desde el punto de vista de su sustancia. Lo que lo hizo excepcional fue su completa hipocresía, su total indiferencia por la realidad, su absoluta falta de relación con los hechos de nuestra actual situación política. Luego de ocho años de corrupción sin precedentes, incompetencia, derroches y codicia, el partido de Karl Rove comprendió que 50 millones de americanos no demandarán soluciones a ninguno de estos problemas mientras les dieran algo nuevo con que entretenerse.

Sarah Palin es ese nuevo, nuevo juguete, y al final no importa que tenga una hija adolescente no casada y embarazada. Por supuesto, si la hija de un candidato negro como Barack Obama se mostrase en su convención con un embarazo de cinco meses y algunos niños tomados de las manos llevando viseras, a lo Curtis Jackson, los defensores de la Moral Tradicional se levantarían en armas. Pero la cuestión de estar en el negocio de hacer la realidad es que no tienes que preocuparte demasiado por investigar. Pero no existen hechos en la biografía de tu candidato que puedas ignorar o pasar por alto.


Una de las cosas más divertidas sobre la nominación de Palin ha sido la reacción de los horrorizados progresistas. Internet ha estado zumbando ruidosamente acerca de la historia de la gobernadora, como lo haría cualquier defensor de la sanidad y la razón en busca de los Hechos Condenatorios.

Mi propio teléfono comenzó a sonar furiosamente con llamados de ex-residentes de Alaska y amigos de habitantes de Alaska determinados a ayudar a hacer conocer la “verdad” sobre Sarah Palin en los grandes medios. Prácticamente cualquiera con conexión a Internet sabe a esta altura que Palin estaba a favor del “Puente a ningún lado” (N. del T.: el escándalo "Bridge to Nowhere" de Alaska) antes que se opusiera al mismo (de hecho, ella aprobó el plan en su campaña gubernamental del 2006), que incluso luego de que el proyecto fuera rechazado ella se quedó con el dinero, que no vendió el jet de lujo de la gobernación de Alaska por eBay, sino que en lugar de ello, lo vendió a $600,000 por debajo de su valor a un contribuyente de su campaña (que ahora está en la búsqueda de $50,000 en impuestos para pagar los costos de mantenimiento).


Luego tenemos las impactantes historias sobre el cruel estilo de administrar de Palin, muchos de los cuales parecen tener un punto en común: sumado a su participación en una complicada investigación ética sobre la expulsión del jefe de las tropas estatales de Alaska (destituido luego de rechazar despedir al ex-esposo de su hermana), se conoció que Palin también despidió a un importante ayudante de campaña por tener un affaire con la esposa de un amigo. Más siniestro aún, como alcaldesa de Wasilla, Palin intentó despedir a la bibliotecaria de la ciudad, Mary Ellen Emmons, luego que Emmons resistiera la presión de censurar libros que Palin consideraba objetables.


Luego tenemos la cuestión sobre Dios: Palin pertenece a una iglesia cuyo pastor, Ed Kalnins, cree que todas las críticas contra George Bush “vienen del infierno”, y dudó en voz alta que la gente que votó por John Ferry pudiera salvarse. Kalnins señala que Alaska será un “estado de refugio” para los Cristianos en los últimos días, de los cuales, en algunas oportunidades, habla en presente. Palin misma ha sido filmada vociferando las inevitables imbecilidades de los vueltos-a-nacer, tales como la idea de que un reciente trato por una tubería de petróleo fue “voluntad de Dios”. También describió la guerra de Irak como una “tarea que desciende de Dios”, y que es parte de un “plan” divino. Ella apoya la enseñanza del creacionismo y de la abstinencia en escuelas públicas, se opone al aborto, incluso para las víctimas de violaciones, niega a la ciencia detrás del calentamiento global y asiste a una iglesia que busca convertir judíos y curar homosexuales.


Todo lo mencionado ofrece una idea sobre que esperar si Palin es elegida: es una imbécil engreída con primitivas creencias religiosas que tuvo que ser informada sobre el hecho que la Constitución no imaginó exactamente que los ejecutivos del gobierno pudieran despedir bibliotecarias. A juzgar por la importancia de las progresivas críticas que acompañan a estas revelaciones, tú pensarías que tendrían un impacto negativo en la política moderna norteamericana. Pero a los americanos les gustan los políticos que odian libros y que ven la cara de Jesús en cada tronco de árbol. Les gustan estúpidos y mezquinos e ignorantes de las normas.


Ese es el porque Palin solo parece ganar más popularidad mientras más y más de estas revelaciones salen a la luz. Los mismo vale para su más criticable aspecto de su biografía, su total falta de experiencia en el gran escenario. Como gobernadora de Alaska, Palin preside un estado cuya población entera no llega al tamaño de la de Memphis. Esta clase de cosas podrían tener importancia en un país que verdaderamente se preocupa por si su líder está preparado para hacer su trabajo, pero no es el caso de EEUU.


En EEUU, toma cerca de dos semanas de apariciones en primer plano para que el país entero piense que han estado durante años. En cierto modo, esa es la razón por la cual Obama está pasando a otro plano. El ha estado en la TV todos los días durante dos años, y según los estándares de nuestra efímera cultura, es una eternidad. Vale la pena señalar que las mismas críticas a Palin también se aplican a los otros dos candidatos en esta carrera, John McCain y Barack Obama.


Como políticos, ambos son más ficticios que sustanciosos, con McCain alcanzando la prominencia subido a los hombros de su historia como sufrido héroe de guerra, y Obama mayormente jugando el papel de futuro libertador, que no se observaba desde la muerte de Bobby Kennedy. Si tu estómago resiste ver como las gafas “Kawasaki 704” que usa Palin vuelan de las estanterías de la Norteamérica de clase media, debes aceptar que la Norteamérica de clase media probablemente se sienta de la misma manera cuando escucha que Donatella Versace dedicó a Obama su colección durante la Semana de la Moda de Milán. O cuando observa de que manera son arrojadas bombachas con la inscripción “Te amo, Obama”, a los escenarios de las convenciones Demócratas.

Así que, seguramente, Barack Obama podría ser precisamente la misma clase de imagen lograda que Sarah Palin. La diferencia es lo que la imagen representa. La imagen de Obama representa tolerancia, inteligencia, educación, paciencia con la noción de compromiso y negociación, y una buena voluntad a mirar fijamente a la cara de los hechos desagradables, todas cualidades que realmente necesitaremos en el gobierno si queremos salir de este desastre.


Sarah Palin representa a una cerda excedida de peso que pincha botones con la inscripción “El país primero” en las tetillas de su esposo y grita “¡U-S-A! ¡U-S-A!” hasta donde le permiten sus pulmones mientras sus hijos viven a costa de las tarjetas de crédito y los sauditas compran todas las hipotecas en Kansas.

Lo verdaderamente desagradable acerca de Sarah Palin no es que sea totalmente incompetente, o una fanática religiosa, o que esté casada con un secesionista, o que no sea capaz de educar a su propia hija sobre el sexo, o que sea una falsa conservadora que aumentó impuestos y asfixió a millones cada vez que pudo. No, lo más desagradable de ella es lo que dice sobre nosotros: que pueden patearnos el trasero durante ocho años, y que no solo le agradeceremos los problemas, sino que le renovaremos por ocho años más, solo si promete estrangularnos en el lugar correcto durante unas horas cerca del momento de las elecciones.


La democracia no requiere tanto trabajo de sus ciudadanos, pero sí requiere un poco: requiere echar un buen vistazo allí fuera de vez en cuando, considerar las malas noticias y su posible significado, y tomar decisiones concientes en los momentos adecuados, y sobriamente tener en cuenta cuales son los verdaderos intereses.


Esto es algo muy distinto a salir de compras, lo cual permite pasivamente que las comedias televisivas fundan tu cerebro todo el día, y que luego saltes directamente dentro de la pantalla de la TV durante los cortes comerciales para comprar un Sándwich de Pollo de Estilo Sureño solo porque dice “¡Me encanta!”. La alegría de ser consumidor es que no requiere de pensamiento, responsabilidad, auto-conciencia o vergüenza: Todo lo que debes hacer es obedecer el primer impulso que surja de tu estómago.
Y luego obedecer al próximo. Y al próximo. Y al próximo.


Y cuando llegue el momento de votar, todo lo que tienes que hacer es ponerte tu pin de “El País Primero” de la misma manera que lo tiene esa señora en la TV que te recuerda a tu prima. U-S-A, bebé. ¡U-S-A! ¡U-S-A!

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